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El
Taoísmo clásico comienza como una filosofía de vida con Lao Tzu
que vivió hacia el año 600 a.c. Mas adelante Chuang Tzu escribió
sobre estas enseñanzas y aportó una nueva filosofía de tipo
metafísica pero desmitificándolas de magia y supersticiones.
El Taoísmo no es una filosofía de renuncia al mundo, sino de una
retirada de todo lo superficial y artificial, sofisticado e
indigno.
Es utilizar la luz del interior propio para que revierta en la
claridad natural de la vista propia...viviendo en contacto con
el mundo y sin embargo estando en armonía con la luz.
Es un desplazamiento natural mediante una claridad de perfección
y conciencia que vigila, pero que no prejuzga ni se permite las
críticas y análisis que solo causan separación entre el
preceptor y la cosa percibida.
El objetivo básico del Taoísta es el logro del equilibrio y la
armonía entre el Yin y el Yang, conocidos como dos grandes
poderes, los dos polos entre los que tiene lugar toda
manifestación. Es inútil imponerle al mundo el Taoísmo desde
fuera, uno solo puede reformar su propio ser y hasta que ese ser
se encuentre en equilibrio y logre una total inocuidad tanto
para sí mismo como para los otros, no puede ofrecer nada digno
al mundo.
...” El sabio, habla siempre sin palabras...”,
este es un
principio Confucionista y Taoísta.
Emerson llevó el mismo mensaje a Occidente...”Te enseñamos
aquello que somos...involuntariamente”. Estas filosofías emplean
la palabra Tao, cuyo significado es “el camino”.
El
camino no se refiere a la prosecución de una meta, como el
sendero a seguir, si se persigue una meta estamos en un lugar
separado, en cambio hay una experiencia abierta de
la vida y una absorción de ella porque el camino y el que lo
recorre son esencialmente lo mismo.
La mitad de los llamados problemas de la vida, se los crea la
mente bulliciosa. El Taoísmo sostiene que el Hombre no es la
medida del universo, sino que todas las cosas vivas lo
conforman, tienen su lugar y relaciones en la naturaleza y
comprenden el Yin y el Yang.
El Tao busca el equilibrio y la armonía, evitando todos los
extremos. Lo primordial son “los medios” no el fín, el fín no
existe, solo existen los ciclos.
El Taoísmo entonces, remite a la totalidad del hombre, física,
mental-emocional y espiritual.
Adopta un punto de vista más cosmológico que teológico. El poder
creativo se considera como algo que sale de la naturaleza, y no
como una fuerza exterior que está separada de la cosa que se
crea. Esta fuerza se manifiesta a través del Yin y el Yang, dos
aspectos de un mismo poder, en una polaridad distinta cada uno.
Viendo los opuestos y entendiéndolos se logra equilibrio, al
mantenerlos armónicos.
La base de la transformación y la transmutación es la aceptación
de la totalidad de todos sus aspectos positivos y negativos.
El Yin y Yang entonces surgen de los ciclos, de la alternancia
de las estaciones, oscuridad y luz, el amanecer y atardecer,
contracción y expansión, inacción y acción.
...Cuando el hombre
oscila entre los opuestos pierde su “centro” se desequilibra....
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